miércoles, 9 de febrero de 2011

CORREO DE PEDRO ZAMORANO





De: Pedro José Zamorano
Fecha: 12/07/2009 16:34:23
Para: Manuel Julián
Asunto: Buenas tardes


Buenas tardes Julián.

Ayer por el mediodía me encontré a Fernández, lo recordarás de clase.Le comenté que había contactado contigo mediante internet y se puso muy contento. Te recuerda perfectamente. Le comenté lo que habíamos hablado que sería bonito juntarnos todos los que pudiesemos algún día y se emocionó de verdad. Empezó a recitarme alfabéticamente los nombres de todos los compañeros de la clase y el tio es alucinante la memoria que tiene. 


Me hizo recordar los siguientes que creo que no los habiamos comentado:


Becerra: No he vuelto a saber nada de él. Hace como 8 o 10 años lo vi por el Prat, estuvimos hablando y no he vuelto a verlo.

Gimeno: Trabaja en Prosegur. Es como encargado o algo así. Vive en el Prat y alguna que otra vez lo he visto y he hablado con él.

Alfonso Moreno Calderón: Es vecino mío y nos vemos mucho en el parque con los críos. Trabaja en la Seda de mecánico.

Juan José Gamez Moreno: también trabaja en la Seda. Es electricista. Vive con una chica que es profesora en la Universidad Pompeu i Fabra y vive en Barcelona.

Antonio Pino Suárez: lo veo de vez en cuando. Vive en el Prat, sigue soltero.

Rafael Pinazo: el pobre falleció hará unos 12 o 14 años. Le dió un derrame cerebral viendo la cabalgata de los reyes magos con su hijo a los hombros y no pudo superarlo. Era buen chaval.

Luis Belinchón: lo veo muy de cuando en cuando. Vive en el Prat y se que está bien.

Con todos estos creo que tenemos la lista bien completita. Si se nos olvida alguno, son muy poquitos, pues incluso recuerdo a un tal Lorenzo que en 4º o 5º se fue a vivir a Alcalá de Henares. Al principio creo recordar que incluso nos mandamos un par de cartas, pero luego ya perdimos el contacto.

En cuanto a las imágenes antiguas que me enviaste me hicieron mucha gracia. En la que salen todos los niños no he sido capaz de reconocerme, pero me harté de reir con el libro de escolaridad. Yo también lo tengo e incluso tengo los boletines aquellos de notas que nos daban en cada evaluación y habia que devolverlos firmados por los padres. No hace mucho en casa de mis padres, estaba yo con mi hija y salieron esos boletines. Se los enseñé para que se "picase" y aunque no tengo quejas pues saca bastante buenas notas, al ver los boletines me sorprendí incluso yo mismo, pues ahora desde la distancia no eran malas notas las que sacabamos nosotros.

Bueno Julián, espero que estés bien y espero seguir en contacto contigo.
Un abrazo
Pedro Zamorano



martes, 8 de febrero de 2011

CORREO DE ALEX DOMÍNGUEZ MONÉS


Imagen tomada del libro: IMATGES i RECORDS. Viena Edicions .1995
Corresponde a la calle de La Ribera. En el lado izquierdo donde están situados los árboles se encontraba La Torre Rosendo, que después fue una biblioteca y finalmente,  la Escuela La Seda.
En Frente se observa la fachada de la casa del Doctor Soler.






En respuesta a un correo que le envié este mismo día:

                Sí soy el nieto de Josep Monés Amat, su hermana Pepa Monés Amat, fue la mujer de Josep Canudas i Busquets, lo que significa que Canudas es mi Tío Bisabuelo o algo parecido, al no tener descendencia todo lo concerniente a El, paso a su mujer, Pepa Monés y después a su hermano, mi abuelo Josep Monés.

Como explico un poco por encima en la página Web, mi abuelo, mi bisabuelo y tatarabuelo eran -Mestres d’obres-  Constructores i “pouaters“ muchos de los pozos del Prat i algunos de Catalunya los hicieron ellos, también mi bisabuelo Josep Monés Jane, construyó la “Torre Rosendo” El colegio de la Seda, así como la “Telegrafía sense fils” -hoy en terrenos del aeropuerto-   bajo la supervisión del arquitecto Puig i Cadalfalch, también los cimientos de la “Tabacalera de Tarragona”, así como parte de la papelera española i la casa de los directivos de esta, hoy -casi- el único edificio en pie que queda de la empresa.

Imagen tomada del libro: IMATGES i RECORDS. Viena Edicions .1995

La calle del Doctor Soler, dedicada a Enric Prat de la Riba desde su fallecimiento y hasta el año 1939, mejoró su aspecto con la ampliación de las aceras y la cimentación de la calzada.

Al fondo, a mano derecha se observa el mercado construido en el 1921. En el lado izquierdo de la fotografía se encuentra la pared que dividiría la finca  Torre Rosendo, de la propia calzada.



                        La casa familiar del Prat, está afectada por un planteamiento urbanístico,” Prat Nord”,  lo que significa que dentro de unos años, con la crisis pueden ser unos cuantos, desaparecerá.
Yo he ido rescatando de casa documentos, planos, fotografías, objetos... que voy fotografiando y escaneando para después colgar en internet, en algunos casos la historia que puedo aportar es poca, por desconocer el origen o quienes aparecen en la imagen, en otros casos la gente me da datos sobre esta, el lugar quien aparece... Muchas de las imágenes  o documentos a través de mi tío Jordi Monés - él firma Jordi Moners-  sí que se la historia y si puedo lo escribo en los comentarios.

Alex Domínguez Monés



Imagen de febrero de 2011

EX-ALUMNOS QUE RECUERDO

    


C.E.P. LA SEDA de BARCELONA.  Promoción 1970 - 1978




 Profesores

Sr. Ramón Ballarín Ballarín
Sr. Valentín Quílez Carela
Sr. Francisco Ciria Guerrero
Sr. Jesús Cea Heras
Sr. Fernando de López Terol

        
 Alumnos 

  
  1 Juan Antonio  Giner Romagosa
  2 Antonio Sánchez Morales 
  3 Ignacio Sánchez Muner
  4 Huete
  5 Francisco Javier Hueto Madrid
  6 Carmona
  7 Francesc Espuny Suárez
  8 Jordi  Alcaráz
  9 Carlos Alcaráz
10 Pujol 
11 Borrás
12 Joan Pellisa  Farnós
13 Carlos  Doblado Carrasco 
14 Rafael  Grande
15 Antonio Balastegui 
16 Pedro Zamorano Munuera 
17 Manel Piquer Siré
18 Carlos Pastor Bel 
19 Gracia 
20 Agustín Farizo Boada 
21 Luis Lucas Llop 
22 Álvaro Martínez Feijó 
23 Jose Luis  Gutierrez
24 Caso  
25 Velarde 
26 Fernando Fernández Silva 
27 Fco. José Carballo Municio 
28 Pedro Vilaplana 
29 Juan José  Gámez
30 Belinchón,  
31 Molés 
32 Ricardo Armero
33 Rodés 
34 Maillo
35 José Luís Zurita
36 Javier Lorente
37 Manuel Julián García
  





CARTA A PEDRO ZAMORANO


Torre Rossent Soler [1915]. Contratista de la obra: Josep Monés i Jané.
 Imagen del Fondo ALEX DOMÍNGUEZ MONÉS


Imagen tomada durante el 6 de febrero de 2003


Cuatro recuerdos


                            Nací en 1963, ya sabes: With the Beatles, Asesinato de J.F. Kennedy, Blowin In The Wind [Bob Dylan],  estreno en el Tívoli de “Con faldas y a lo loco” con una maravillosa Marilyn Monroe y un genial Jack Lemmon.

Tuve una infancia más o menos alegre, mi abuelo Eloy me enseñó a leer y a escribir antes de ir al colegio. Mi primer contacto oficial con la enseñanza fue en el “Colegio de El Parque” donde hice parvulitos. En la fiesta de final de curso se organizó una función en la que los chicos íbamos vestidos de Soldaditos de Plomo –la función en sí misma ya era un plomo- y las chicas vestían de Bailarinas de ballet, a mí me tocó bailar la Raspa con la niña más gorda de la clase, una especie de hipopótamo embutido en una falda de tul. Aún me duelen los ojos de disimular tratando de no mirarla de frente, sus pisotones me hicieron luego ganar velocidad en submarinismo. Después de eso me inscribieron en el colegio de La Seda, que era donde me correspondía como hijo de los trabajadores del textil –mi padre trabajaba en La Terlenka-

Por aquel entonces el holding de empresas era mucho más extenso –Terlenka, Crilenka, Enka, Enkalone, Enkaswing, La Seda, Rayón…-
Enkaswing fracasó cuando en Venezuela obtuvieron una fibra más resistente y menos costosa llamada Nylon. Desmontaron todas las naves y vendieron la maquinaria pesada a precio de chatarra para no perjudicarse con la competencia. Décadas antes se habían construido las casas de La Seda junto a la carretera de la aviación. En esas mismas casas vivía Juan Antonio Giner Romagosa y Sánchez Morales.  Todo lo demás eran campos con un pequeño camino circundado por canales y humedales que conducían a la playa. En esos mismos campos crecerían después las mejores alcachofas del mundo. ¿Sabías que un aviador se estrelló en uno de esos pantanos?, la lápida de su tumba estuvo durante años rodeada de alcachofas por todas partes hasta que en noviembre de 2002, hace a penas unos años exhumaron el cadáver y parte del fuselaje. Ha estado expuesto en el museo militar de Montjuïc hasta hace unos meses en que fue trasladado. 

Era todavía un crío y no me adapté al cambio de colegio, lo consideré como un castigo por mis travesuras. En aquella época los problemas de adaptación se curaban de un sopapo, no existían como hoy, la legión de sociólogos, psicólogos, logopedas, consejeros de todo tipo, y listillos bienintencionados ..., así que debido a mis malas notas, los muy salvajes me obligaron a repetir curso y así fue como caí en vuestra clase siendo un año mayor de la edad media.

Al mismo colegio iban mis primos José Manuel y Santiago Julián, Su padre –mi tío Máximo- trabajaba en Rayón como mecánico –yo trabajé 4 temporadas de verano como personal de sustitución en la sección de Maceración Molturación [Los Molinos] Sección 1400, operario 1740].
Cuatro años después de mi ingreso en el primer curso, mis padres inscribieron a mi hermano Miguel Ángel, falleció en marzo de 1995 en un accidente de moto en Vendrell, sé que iba con otro compañero de clase, no recuerdo su nombre, pero ambos sufrieron el mismo fatal desenlace. Todavía no he curado esa herida.

Colegio La SEDA

Algunos viernes el Sr. Lladó proyectaba películas del Gordo y el Flaco y los alumnos mayores vendían Mirindas a 5 pesetas el botellín.

Junto a la pista de baloncesto había una palmera centenaria que llenaba todo el patio de dátiles, a los chicos que se portaban mal se les castigaba a recoger dátiles en un cubo durante todo el recreo.

Recuerdo las clases de gimnasia. Pantalón de algodón azul, camiseta de tirantes blanca y zapatillas de loneta. La subida de la cuerda, salto del potro, del plinton y otros ejercicios de contorsionismo al que llamaban gimnasia sueca, aunque los que nos hacíamos los suecos éramos nosotros sin atender al Sr. Ballarín que al final terminaba con la mano dolorida de pasarse toda la tarde dándonos capones, un verdadero prodigio olímpico. Lo nuestro era el fútbol, el baloncesto, el Churro media manga mangotero, la baldufa tachonada de chinchetas, las canicas, los cromos…y otras delicatessen.

Cada mañana el Sr. Ballarín desayunaba fruta desde la terraza del patio, preferiblemente uva, esto fue hasta que Giner le rompió las gafas de un balonazo. Las pelotas de futbol las recubríamos con grasa de caballo para evitar que se pelaran, pero lo cierto es que la grasa endurecía tanto el cuero que después nadie nos atrevíamos a rematar de cabeza.

De camino al Cole y antes de que en el quiosco de la plaza del ayuntamiento vendieran golosinas, pasábamos por el herbolario de la calle mayor y comprábamos Regalexia, Palodul. En invierno se nos cuarteaban los labios del frio por culpa de estar todo el día chupando el dichoso regaliz.

Junto al colegio de las monjas había una tienda de cocido de legumbres, toda la calle olía a las apetitosas legumbres mientras una cálida luz de mediodía nos acompañaba de vuelta a casa.





En los trabajos manuales, pinturas, plastilina, espejos hechos con pinzas de madera, figuritas de arcilla, palillos unidos –con pegamento IMEDIO- sobre cajas de cerillas que parecían joyeros…nos esmerábamos un poco más porque sabíamos que al final de curso habría una exposición de puertas abiertas. ¿Dónde estarán hoy todas aquellas obras de arte?

Al principio todas las libretas eran de rallas y los bolígrafos eran unos BIC que debían durar todo el curso y a los que para poder cambiar la mina teníamos que presentar la gastada. No se fiaban de nosotros. Cuando la tinta se secaba, teníamos que frotarlos con las dos manos como un Neanderthal para hacer fuego, una vez que recuperaba la temperatura volvían a escribir.
Los antiguos pupitres verdes con su agujero para poner el tintero tenían tantas manos de pintura que todas sus esquinas eran redondeadas.
La tarde de un jueves, lo recuerdo perfectamente, un niño de octavo me empotró de un empujón contra una de las papeleras metálicas del patio. De nuevo el Sr. Ballarín me tuvo durante casi dos horas apretándome el chichón con una moneda de 25. Lo hice con tanta frunción que después de desaparecer el chichón llevé el busto del Generalísimo Franco pegado a la frente durante toda la tarde, no hubo nadie que no riera la gracia.
El Sr. Ballarín encendía sus Ducados sin mechero, el cigarro anterior con el siguiente, en el último curso nos obsequió con un retrato de cada uno de nosotros a carboncillo. Yo perdí el mío en un traslado de vivienda. Todavía lo lamento.

Cuando llovía llenaban de serrín todos los suelos para evitar que resbaláramos, pero lo cierto es que con las botas mojadas y el serrín practicábamos patinaje artístico. Todo fue bien hasta que Gracia se abrió la muñeca contra la puerta del wáter.

Al lado del colegio vivía el Barbas, un personaje que menciono en mi libro. Nos burlamos tanto de su encorvada figura de cuasimodo, que cuando falleció nos supo mal. No sabíamos distinguir entre divertido y respetuosos.

Nunca obtuve un diploma, nunca conseguí un sobresaliente, siempre necesité recuperar en septiembre, pero un día volví al colegio después de casi veinte años y el Sr. Quílez me reconoció y me recordaba por mis convicciones, y mi amor por la literatura.
He leído cientos de libros, todos me han aportado algo y me han enriquecido espiritualmente, pero cambiaría todo eso por volver a mi pupitre una sola semana con lo que la vida me ha enseñado, un par de días para merendar en el recreo y fotografiarme con mis compañeros de la infancia con los que viví los primeros ocho años más importantes de mi vida. Desearía poder abrazarlos a todos, aunque con algunos, como Pastor, de momento no será posible.

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