El mundo de la infancia se asocia muchas veces a nuestros primeros miedos, algunos llegaron espontáneamente como el miedo a la oscuridad, a los monstruos y fantasmas, pero otros fueron inducidos: “no hables con extraños" “no aceptes caramelos” “cuidado con el hombre del saco” “no subas, no saltes, no corras, no te alejes"…
Los psicólogos modernos han escrito innumerables ensayos sobre lo que se conoce hoy como “la gestión del miedo", un estudio que inició el propio Sigmund Freud y que en muchos casos ha dado buenos resultados. En nuestra época no disponíamos de tanta información para resolver nuestros temores y entonces llegó Scooby-Do.
Se trataba de un perro atolondrado y asustadizo que nos ayudó a reírnos de nuestros propios miedos y a verlos como divertidas ocasiones para dejar volar toda nuestra imaginación.
En una entrevista de hace unos años, el director ejecutivo David Kleeman dijo:
«En general, Scooby-Doo no solo es un programa diseñado para estimular las emociones y tensiones de los niños, sino que también crea suficientes risas como para hacerlo divertido sin preocuparlos o darles pesadillas».
La longevidad y éxito de la serie se atribuye después de más de 40 años a la mezcla de tres géneros: la comedia, la aventura y el terror.







